martes, 2 de abril de 2013

Pensamos demasiado, sentimos muy poco

      La eterna lucha entre la mente y el corazón. ¿Cómo es posible que hagamos más caso a la mente que al corazón? Yo misma me lo he preguntado muchas veces… He estado años y años fingiendo ser alguien que no soy, ¿para qué más tiempo? Al fin y al cabo sólo vivimos esta vida una vez. Esta vida que, a pesar de todas las desgracias que ocurren en ella, es maravillosa. Nos enfrentamos a obstáculos continuamente. Y las únicas personas capaces de ver el bien más allá del mal son las que realmente merecen vivir. Alguien que no aprecia la vida no merece estar aquí. Podemos tener nuestros bajones, nuestras idas y venidas pero, finalmente, debemos ver que la vida está hecha para disfrutarla, no para sufrirla. ¿Qué hay más allá de la muerte? Ni siquiera sé si existe algo. Por eso, he decidido salir de esa cueva en la que tantas veces me he refugiado. He decidido romper la máscara de frialdad e ignorancia que tantas veces me he puesto. Me enfrentaré a lo que venga. Todo pasa por algo. Cualquier circunstancia está hecha para crecer tanto física como psicológicamente. Así que, ¿para qué fingir? Demuestra de qué madera estás hecho y deja ver a los demás quién eres realmente. Por otra parte, no vale la pena fingir ser alguien que no eres y pretender que te quieran. Aunque puedes conseguirlo. Pero pregúntate: ¿qué es mejor, ser amado por quien eres o por quien finges ser? Esta misma pregunta es la que me ha hecho abrir los ojos ante una nueva realidad. Supongo que siempre es así, que nunca nos dejamos de acostumbrar a las sorpresas que nos da la vida. Pero estoy preparada. Ya no me dejaré que nadie vuelva a hacerme refugiar en un mundo paralelo, en el que sólo existe lo que yo quiero que exista. Porque la vida es tal como es, y no hay más. O lo tomas o lo dejas.


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